Uso normal de las cosas

Como continuación al comentario anterior, afirmo que el compartir ficheros como canciones y películas a través de redes P2P en internet no se debe denominar (por definición) piratería.

Yo demando el derecho a poder hacer un uso normal de las cosas.

Si compro un libro (en papel) me siento dueño de él y puedo utilizarlo de la forma que me apetezca, soy libre de, por ejemplo, prestárselo a un familiar o a un vecino si me ha gustado, podría si quisiera donarlo a la biblioteca pública del barrio para que mas gente pueda disfrutarlo o simplemente ponerlo en la estantería del salón esperando que algún día mis hijos, nietos… puedan, si quieren disfrutar de su lectura.

¿Porque no puedo hacer esto mismo con un libro digital? ¿Porque, a pesar de pagar, se me impide disponer de él como me parezca? En algunos casos el cambiar de ordenador puede implicar la pérdida definitiva del material comprado ‘legalmente’

En los tiempos de los discos de vinilo, si compraba un disco, podía disfrutar de él como quería, por ejemplo grabarlo en una cinta de cassette para oírlo en el coche o pasárselo a un amigo o familiar y no pasaba nada, era algo absolutamente normal y nadie lo perseguía.

¿Porque se criminaliza esto mismo si se comparte por internet?

¿Porque no podemos hacer un uso normal de las cosas?

Permitirme contar un par de anécdotas:

– Cuando aparecieron las primeras grabadoras de CD para ordenadores personales, los mas ‘avanzados’ que compraron una, buscaban ‘rentabilizar’ la compra ofreciendo el servicio de copia de cedés. Un compañero de trabajo me dijo un día: “Oye, ¿sabes que fulano se ha comprado una grabadora para el ordenador y te hace copias de discos por mil pelas? (si, aun no se inventaban los euros) Yo le he encargado 5”. Es decir, este hombre estaba dispuesto a gastarse 5.000 pesetas (de las de entonces) en discos, pero “ni de coña (según sus propias palabras) pagaría 3.000 por un solo CD” que es lo que costaban de media.

– Al inicio de la era de las descargas por internet, otro compañero comentaba que se había descargado algunos discos antiguos que tenia en cinta de cassette y le apetecía ‘recuperarlos’ ya que estaban desapareciendo los reproductores de cintas, se me ocurrió preguntarle si los compraría originales si no pudiese descargarselos y la respuesta inmediata fue “ni de coña, me gustan pero no para gastarme tanto”

Esto ilustra claramente el gran error de las discográficas cuando destruyeron a Napster en vez de utilizarlo para su beneficio y es que siguen sin entender que no pueden impedir que la gente quiera ser libre y que no esta dispuesta a pagar de mas por cosas que no lo valen.

Saludos,

J.

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